Es completamente normal sentir miedo al futuro, ya que los seres humanos solemos temer a lo desconocido. Dentro de cada persona existe la posibilidad de sentir fe, que para este contexto podemos definir como confianza, seguridad y entusiasmo por el futuro. También podemos sentir temor, que en este contexto definiremos como miedo, ansiedad y preocupación.
Si alguna situación (financiera, de salud, amorosa o de cualquier otro tipo) te está preocupando y atemorizando, recuerda que Dios y los ángeles existen y son más grandes que tu temor.
Ejercicio de FE para Sanar el Miedo al Futuro:
En concreto, estos son los pasos que te sugiero seguir cuando tengas temor por un problema:
Paso 1: Piensa en lo peor que podría suceder en esa situación que te atemoriza.
Paso 2: Escribe y dibuja en una hoja de papel eso que pensaste en el paso 1. Describe con todo lujo de detalles cómo sufrirías y dibuja en la misma hoja una imagen que represente ese sufrimiento. Hazlo con pasión y emoción.
Paso 3: Arrodíllate en un lugar cómodo, baja la cabeza, junta las manos en posición de oración y coloca el papel de tu sufrimiento en el suelo, delante de ti. Una vez en esta postura, cierra los ojos e imagina a Dios frente a ti. Imagínalo vestido de blanco, su rostro, sus manos, sus pies, su cabello. (Puedes rezar un Padre Nuestro para entrar en sintonía divina antes de imaginar a Dios).
Paso 4: Mientras estás arrodillado imaginando a Dios frente a ti, exprésale en voz alta que le entregas todo tu sufrimiento. Puedes usar estas palabras la primera vez:
«Dios Padre, Padre nuestro que estás en el cielo, amado Dios Padre, por favor, te entrego este, mi gran sufrimiento, pues no puedo cargarlo. No puedo con este peso y te lo entrego a ti para que te hagas cargo. Por favor, ayúdame con esta carga».
Al terminar tu oración, rompe el papel de tu sufrimiento con las manos, imaginando que al hacerlo se lo estás entregando a Dios para que Él lo resuelva.
Paso 5: Junta todos los pedazos del papel entre tus manos y quémalos en un lugar seguro (quémalos en ese momento, no esperes). Quema todos los pedazos del papel de tu sufrimiento hasta que queden puras cenizas. Luego, echa un balde de agua a las cenizas.
Paso 6: Ahora, imagina y escribe en un papel cómo quieres que termine esa situación. El resultado final. Por ejemplo: si es un problema financiero, imagina que todas las deudas ya fueron pagadas y ahora tienes mucho dinero para usar en todo lo que necesitas. Escríbelo y dibújalo en esa nueva hoja de papel.
Paso 7: Vuelve a arrodillarte, con la cabeza baja, las manos en posición de oración y el papel frente a ti como ofrenda. Cierra los ojos e imagina a Dios frente a ti (nuevamente, puedes rezar un Padre Nuestro para entrar en sintonía divina). Ahora, imaginando a Dios frente a ti, dile:
«Dios, así como te entregué todo mi sufrimiento, ahora te entrego mi alegría, esto que deseo… quédatelo tú. Así como tú cargas mi sufrimiento, quiero que también disfrutes mi alegría. Me desprendo de mi sufrimiento y de mi recompensa, te entrego ambos a ti, pues eres tú quien está resolviendo».
Al terminar estas palabras, no rompas el papel, tómalo entre tus manos.
Paso 8: Ve nuevamente a un lugar seguro y quema ese nuevo papel de tu alegría hasta que quede hecho cenizas. Luego, echa un balde de agua a las cenizas.
Paso 9: Ve a tu cama y acuéstate a dormir. Mientras te duermes, imagina que Dios resuelve todas las situaciones y que ahora Dios disfruta de esos beneficios que pensaste. Puedes imaginar a Dios como un humano gigante, blanco, resplandeciente, perfecto, inmaculado, disfrutando de esos beneficios. Quédate dormido con esa imagen.
Cuando despiertes, notarás que el temor que sentías ha desaparecido. Si solo ha disminuido, repite el ejercicio en otro momento, con la mayor intención y voluntad, deseando que funcione con todas tus fuerzas, esforzándote al máximo en cada paso. Si lo haces bien, el temor desaparecerá por completo.
Notarás cómo ese problema se va solucionando fluidamente, como si fuera «una máquina bien engrasada». Y te darás cuenta de que, al finalizar esa situación, todo ha vuelto a la paz.
Puedes hacer este ejercicio para todos tus problemas, incluso para el mismo problema constantemente hasta que se solucione. Desde la primera vez que lo haces, Dios ya está resolviendo la situación. Sin embargo, como humanos, podemos perder la fe, por eso te digo que puedes repetir este ejercicio en días posteriores si sientes que el temor quiere regresar. Este es un ejercicio de fe: a más fe, mejores resultados.
¡Bendiciones!
Escrito por el equipo de Centro Revoluciónate
Canalización del ángel Gabriel a través de técnicas de canalización de mensajes con herramientas y escritura.